P.S.: Te lee la UCO
Leire Díez protagoniza una comedia romántica sin rosas, con cloacas, siglas y mucho sumario
Febrero siempre ha sido un mes propicio para los mensajes ambiguos. En las papelerías aparecen corazones, en los escaparates se multiplican los bombones y, según la UCO, en la agenda de Leire Díez apareció el 3 de febrero de 2025 una reunión con un tal “P.S.”. La coincidencia tiene algo de comedia romántica averiada. Donde P.S. I love you (Postdata: Te quiero) hablaba de cartas de amor, duelos y segundas oportunidades, la versión española parece escrita entre Ferraz, una libreta intervenida y ese subsuelo del poder donde las iniciales parecen pesar más que los nombres completos.
Porque Leire Díez, convertida por méritos propios en la fontanera sentimental y material de Ferraz, habría dejado apuntado un encuentro con esas dos iniciales el 3 de febrero de 2025. La agenda, según lo publicado, no aclara quién era exactamente ese P.S.; y ahí empieza la literatura, que siempre nace donde termina la explicación administrativa. P.S. podía ser Pedro Sánchez, podía ser Paquita Salas, podría ser Pablo Sobrado, el ínclito Paco Salazar o podía ser el Protocolo de Saneamiento. En España todo es posible desde que la política se convirtió en una serie de sobremesa con audios, fiscales, comisionistas, chóferes, ministros con cara de no saber nada dando versiones diferentes, macarras con corbatas y fontaneras con vocación de heroína incomprendida y de periodista venida a escritorcilla de tres al cuarto.
La fecha ayuda. Tres de febrero. Vísperas emocionales de San Valentín. Aún faltaban unos días para los escaparates con corazones, bombones y peluches tristes, pero Leire ya parecía metida en su propia versión de P.S. I love you. En la película, una viuda recibe cartas de su marido fallecido para recomponer su vida. En esta adaptación castiza, una fontanera política deja siglas en una libreta para recomponer las cloacas. Hollywood puso a Hilary Swank llorando con dignidad. Ferraz ha puesto a media España leyendo sumarios como quien busca mensajes ocultos en una canción de Camela.
“P.S. I love you”, decía el título. Aquí podría ser “P.S., I love UCO”. Amor epistolar del bueno: tú me apuntas, yo te investigo; tú me citas, yo te incauto; tú me dejas iniciales, yo te pongo contexto judicial. Tú me matas, yo me muero. La Guardia Civil va a terminar haciendo de crítico literario -¡que tiemble Alberto Olmos!-, descifrando cuadernos, fechas y nombres como si estuviera ante el diario íntimo de una adolescente con demasiados contactos en el aparato del Estado. La diferencia es que aquí los corazones no se dibujan con rotulador rosa, sino con bolígrafo azul y olor a sede federal.
La izquierda española, tan dada a hablar de transparencia y regeneración democrática, ha acabado produciendo un género nuevo: la transparencia opaca. Todo se sabe, pero nada se aclara. Todo aparece, pero nadie conoce. Todo está escrito, pero nadie lo entiende. O eso dicen. Todo es conspiranoia, lawfare y persecución. Si sale una inicial, será casualidad. Si aparece una reunión, será una confusión. Si figura un nombre, será un malentendido. Si la UCO levanta una alfombra, la culpa será de la alfombra por estar mal colocada. En Ferraz ya no hay responsabilidades, hay fenómenos atmosféricos. Las cosas pasan. Los audios aparecen. Las agendas se rellenan solas. Las cloacas brotan como setas después de la lluvia.
Leire, en esta tragicomedia, tiene algo de protagonista secundaria que ha confundido el despacho con el camerino. Se mueve con esa épica de quien cree estar salvando la democracia mientras va dejando un rastro de fontanería urgente, frases grandilocuentes de todopoderosa en el estado decadente y contactos delicados. Una mezcla de Mata Hari de agrupación local, una suerte de Erin Brockovich de alcantarilla y la Bridget Jones del sumario. Sólo le faltó escribir: “Querido diario: hoy he quedado con P.S., el guapo, y he sentido que la regeneración democrática ya está aquí. Y también mariposas en el estómago.
El problema de las cloacas es que acaban oliendo peor que aquello que dicen combatir. Uno empieza invocando la defensa del presidente, la lucha contra poderes oscuros, la batalla contra conspiraciones imaginarias, y termina con la UCO leyendo libretas, con media estructura política explicando lo inexplicable y con el ciudadano preguntándose si el Gobierno era una maquinaria de poder o una comunidad de vecinos mal avenida, llena de llaves perdidas, goteras y señores que niegan haber estado en la reunión del portal.
La anotación de “P.S.” tiene la potencia de los buenos símbolos. No prueba por sí sola una novela entera, pero abre el capítulo con una mala leche formidable. Dos letras bastan para que tiemble todo el decorado. Dos letras para que el relato oficial empiece a tartamudear. Dos letras para que San Valentín llegue con olor a sumario y no a rosas.
Quizás al final P.S. no sea quien todos piensan. Quizás sea un fantasma administrativo, una abreviatura inocente, un contacto menor, un error de agenda o una broma cruel del destino. Pero todo parece apuntar a que no. A que P.S. es ése P.S., y es que la política española hace tiempo que dejó de necesitar certezas para resultar grotesca. Le basta con una libreta, una fecha y unas iniciales.
Y ahí queda Leire, nuestra particular protagonista de P.S. I love you, esperando que alguien le mande una última carta desde el más allá de Ferraz. Sólo que esta vez el mensaje no vendrá con música tierna ni con paisajes de Irlanda ni con aroma a rosas. Vendrá en papel oficial, con membrete judicial y una posdata bastante menos romántica:
P.S.: Te lee la UCO.



